
Hace mucho tiempo conocí a una persona muy especial, Estrella era su nombre, todo en ella estaba encantado, rodeado de una magia muy particular, nunca me había encontrado con alguien así, estudiábamos en la misma escuela de música. Un día en el pasillo, parados junto a la baranda, esperando para entrar a clases, ella de piano y yo de armonía, así por así, como quién no quiere la cosa, nos descubrimos el uno al otro, viéndonos, sin saber que lo hacíamos, pero ya era tarde y en esa mirada de un solo instante, quedamos conectados por siempre, bueno, por lo menos en mi caso, y sinceramente creo que también en el de ella.
La primera vez que hablamos fue el día que llegando yo a la escuela de música, empapado por una lluvia pertinaz, me tropecé con ella en la entrada y así, sin ton ni son, me preguntó con una gran sonrisa y su voz ronquita ¿viniste nadando?, sólo atiné a responder sorprendido “casi”, recuerdo esto como si hubiera sucedido ayer, en mi manos llevaba el LP “Indagadadavida” de Iron Butterfly, música muy sui generis, esto fue motivo para empezar a hablar y descubrir que estábamos también conectados por la música, que escuchábamos cosas parecidas a las que no escuchaba casi nadie en aquel momento, ese día hablamos de Génesis, Yes, Jethro Tull, CSN&Y, Eric Clapton, Eric Burdon, Janis Joplin, Cactus, Allman Brothers, The Doors, y hasta de la Fe Perdida de Frank Quintero y muchos otros mas, sentíamos como si nos conociéramos de toda la vida
Nuestros temas de conversación eran infinitos, siempre teníamos algo interesante de que hablar, e invertíamos mucho tiempo en ello, nos encontrábamos al salir de la escuela de música y tomábamos café en una terraza cercana a la escuela, que buena atmósfera se respiraba allí, que buena compañía nos hacíamos el uno al otro, que felices éramos, en poco tiempo nos volvimos tan amigos que empecé a pensar que entre nosotros había telepatía, pues frecuentemente ella me preguntaba por algo que yo estaba pensando en ese mismo instante y a también sucedía al contrario, yo le hablaba de algo que ella tenía en mente en ese momento, como si nos leyéramos el pensamiento. Éramos muy amigos pero muy pocas veces hablábamos de nuestra clases o de cualquier otra cosa que hiciéramos, éramos grandes amigos pero en un subconjunto de todas las cosas de cada una de nuestras vidas, yo no le preguntaba si tenía novio, por ejemplo, y ella tampoco si yo tenía novia, creo que no nos importaba y no había otro interés que el de ser solamente muy buenos amigos. Entre nosotros no existía ningún compromiso, yo no sabía su número de teléfono y ella no sabía el mío, simplemente nos encontrábamos en la escuela y si era posible compartíamos un café, así nada mas, pero eso resultaba ser una gran alegría y un gran placer para ambos.
Un día al salir de clases me quedé charlando con un compañero en un banco del pasillo de aulas y casualmente la vi saliendo de su salón, mirando al piso, con cara de estar muy preocupada, al verme me dijo, que bueno que estás aquí, ¿nos tomamos algo?, claro contesté, vamos, no quise preguntarle nada, quería que saliera espontáneamente de ella, ordenamos bebidas frías, hacía calor de julio y un sol que no dejaba ver, como no decía nada, le pregunté ¿pasa algo?, ¿que si pasa algo?, ¿sabes que pasa? Para el examen final de piano me asignaron la Sonata de Claro de Luna de Bethoven, dijo muy incómoda, yo tratando de tranquilizarla le dije, pero de que te preocupas si es facilita, lenta, suave, no vas a tener problemas. Respondió no, no es fácil, es muy difícil, pues los acordes son muy complicados y enredados, hay que tener los dedos de goma para tocarla bien y con continuidad, tengo 4 semanas para el examen, tendré que fajarme todos los días 3 o 4 horas para poder tocarla perfecta, pues quiero sacar buena nota, me comentó que no tenía que ir mas a la escuela hasta el día del examen final de piano. Eso me sonó a despedida, era parecido a una ruptura, era de hecho una separación, pues aunque entre nosotros no había mas que una relación de amistad, nos veíamos con mucha frecuencia, pero igual, pensar que no la vería me arrugaba el corazón, nos despedimos como lo hacíamos todas la veces que nos veíamos, con un simple beso en la mejilla, pero esta vez ninguno de los dos sabía si nos volveríamos a encontrar, no lo puedo negar pero me sentí muy triste, como si una parte de mi misma vida se separaba de mi, me quedé parado alli mismo a la salida del café viendo como se alejaba, hasta perderla de vista
En mi soledad, sólo deseaba que se preparara muy bien para que en el examen tuviera un sobresaliente, que sacara la máxima nota, pero después del conformismo que sentí inmediatamente después de su ida, me embargó el deseo de averiguar cuando era su examen para ir sin que ella lo supiera, lo logré tenía la fecha, la hora y el sitio del examen de Estrella.
Después de una gran espera, llena de mucha ansiedad y expectativa, llegó el día, para enterarme de su llegada sin dejarme ver, me ubiqué estratégicamente y al verla llegar, me empezaron a temblar las piernas, no lo puedo negar, era demasiado intenso, sentí que se me salía el corazón por la boca, era un azaroso juego de emociones y escalofríos recorriéndome el cuerpo entero, sentía que en ese momento yo no me pertenecía a mi mismo, tenía una gran emoción de verla, aún así de lejos, después de casi un mes.
La escuela de música era una vieja casona colonial muy grande, en el centro de la Caracas de 1972, tenía un gran auditorio en su centro, con una acústica que paraba los pelos, este auditorio estaba rodeado a ambos lados por pasillos con salones de clases, estos pasillos al final se unían en un amplio pasillo central, que llevaba a una escalera, arriba, al final el salón de examen de piano. Esperé un tiempo prudencial, pues no quería que me viera, para no generar ninguna sorpresa o inquietud en ella, aunque debo reconocer que el que estaba como un majarete era yo. El salón tenía una puerta con una claraboya circular que me permitió chequear si ya estaban todos ubicados, en la pared del fondo, a la izquierda un Stenway & Sons de ¾ de cola, que sonaba como ninguno, al frente del teclado, de pié Estrella, se veía relajada, al lado derecho del piano el jurado, su profesora y 3 señores mas, yo los veía como sus verdugos e inventé rapidamente en mi mente un cuento de caballero, donde yo de armadura y con una gran espada, irrumpía en el salón para rescatar a la princesa de las garras de este aparente comité de la inquisición. Al lado de la puerta una ventana tapada por una cortina que no dejaba ver nada, pero un poco abierta, que como una concha acústica dejaba salir libremente cualquier sonido que se generara dentro, mi mejor posición era precisamente al frente de esta ventana, para no perderme ni una sola nota de su examen, escuché sonido de sillas moviéndose, luego un saludo muy formal por parte de los profesores a la examinada y a los asistentes al examen, empezó la ronda de preguntas teóricas acerca del tema “Sonata de Claro de Luna” de Bethoven, estas fueron respondidas correctamente por Estrella con avidez y seguridad, formaban parte de la evaluación, escuché ruidos de sillas, toses, silencios y luego empezó a sonar, quedé inmediatamente sumergido en una posesión rítmica, las notas del piano me absorbieron, perdí el control de mis músculos, mi humanidad se convirtió en mitad oídos y mitad cerebro, mi cuerpo solo servía para contener a estos dos elementos e involucrarlos aún mas en este concierto especial, mientras se iba desarrollando la ejecución, se me iban saliendo las lágrimas de la emoción que me producía escuchar lo bien que sonaba, era perfecto, así mismo debió haber deseado el mismo Bethoven a pesar de su sordera haber escuchado esta divina ejecución de su obra.
Terminó, escuche aplausos, pero yo estaba como poseído, no fui capaz de moverme, mi cuerpo aún no me pertenecía, necesitaba un ratito para poder poner en orden cuerpo y cerebro, y pasó lo inevitable, salió Estrella y me vio allí parado frente a la puerta, con los ojos rojos y la cara descompuesta por el llanto emocionado, Estrella se acercó muy lentamente y segura de si misma, me abrazó muy muy fuerte y me dijo al oído, me imaginé que estabas aquí, saque la máxima nota, estoy tan emocionada que no puedo parar de llorar, ¿me invitas un cafecito?, claro que si, ya vengo, un poco mas allá sus padres y su hermano esperaban para felicitarla.
El café que luego nos tomamos fue el último que compartimos, ese mismo día terminaba el año escolar, yo dejé la escuela de música por la fotografía y el inicio de mis clases en la UCV y de ella no se mas nada, mas nunca la volví a ver, pero creanme, cada vez que escucho la Sonata de Claro de Luna, evoco esos recuerdos tan bonitos e intensos y siento a mi Estrella cerca, muy cerca de mi.